Universos en blanco


 

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—Parece que va a llover —se dijo a sí mismo el joven escritor mirando la hoja en blanco.

En realidad el panorama que se podía observar al otro lado de la ventana era totalmente contradictorio con la afirmación del muchacho. Pero el tiempo que hacía en el mundo real no importaba, lo que lo tenía realmente preocupado era el tiempo que hacía dentro del papel. Él sabía que dentro de aquella hoja vacía estaba ocurriendo algo; el problema era que no lograba que los magníficos sucesos que acontecían al otro lado, pudieran mostrarse en el exterior. Treinta y tres bolas de papel arrugado cubrían el suelo del estudio, y otras tantas hacían rebosar la papelera bajo la mesa, todas ellas con frases tan estúpidas como “Era una noche lluviosa…” o “Las gotas de lluvia caían desde el cielo…”. ¿Desde dónde iba a caer la lluvia si no? Las palabras desechadas se acumulaban tanto en el suelo como en su cabeza, hasta el punto en que sus ideas se veían forzadas a empujar frases inútiles para poder salir a la superficie, como navegar en un mar de lodo que iba creciendo más y más con cada bola tirada en el suelo. Sigue leyendo

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