Mil y un despertares


   Despertó de su sueño y se encontró en un lugar que le parecía no haber visto jamás. Estaba en ese momento fugaz que vive todo el mundo por la mañana, al no saber que su habitación era suya y con duras penas poder recordar quien era. Sólo le hacia falta un momento para reubicarse. El techo blanco lo había pintado él mismo hacía 6 meses. El cuadro de la pared lo había colgado él. El reloj de la mesita marcaba las 7:00am. Levantó un poco la cabeza y vio el ventanal que daba a la terraza que tan bellas vistas de la playa le ofrecía cada amanecer. Es curioso como los sueños pueden descolocar tanto nuestra realidad, sus sueños lo trasladaban a otras posibilidades diseñadas por su mente para que pensara que eran verdaderas, con la función, quizás, de mandarle un mensaje. Era tan real el sueño, que a la hora de despertar necesitas un instante para reconocer que la verdad es esta y no la otra. Sigue leyendo

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