Estado

Las cosas que se hacen por amor


Hoy no vengo a dar ningún consejo. No tengo reflexiones existenciales sobre el futuro de un escritor y tampoco he escrito ningún relato nuevo. Vamos, que no he escrito una sola palabra que no sean las lineas que ahora te dejo.

No por ello significa que haya sido un día poco productivo, que tampoco sé si lo ha sido; pero he hecho algo que al menos a mí me deja muy contento.

¿Nunca has querido escribir una nota y tirarla al mar encerrada en una botella? ¿O te habrás imaginado encontrando una y desvelando el secreto que contiene? Pues yo lo he hecho hoy. He lanzado al mar una botella con un mensaje dentro.

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Sangre de Dios


Jóvenes Dioses

Sangre de Dios.

Hoy quería traer un relato especial. Se trata de uno de los capítulos de Jóvenes Dioses, la novela que me afano por escribir en estos momentos. Aun queda mucho camino que recorrer a los personajes, espero que este pequeño aperitivo sea agradable para los lectores.

Dedicado a todos los hermanos, pero sobre todo a dos.

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La niña y el camino – parte 4: Camino de Dolkos.


Relato por entregas: 4 de 4

Continua de La niña y el camino – parte 3.

Os presento la última parte de “La niña y el camino”. Si no habéis leído los anteriores os invito a hacerlo. Espero que los disfrutéis.

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El camino de Diolkos era una llanura árida llena de grietas y peñascos. El color de la tierra era el de la arcilla cocida. El tren viajaba a gran velocidad por las vías que atravesaban el seco panorama casi infinito, sólo interrumpido por el río que lo surcaba como una cicatriz en medio de aquel desierto. Sigue leyendo

La niña y el camino – parte 3: Yaya Trevithick.


Relato por entregas: 3 de 4

Continua de La niña y el camino – parte 2.

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Al parecer, en aquel tren, las puertas que unían un vagón con otro estaban todas abiertas. No es que hubiese mucho peligro de que los pasajeros estuviesen pululando por todos lados, incluidas las zonas de carga. Ya que la separación entre los cubículos era mayor de la habitual. No es que Héctor supiese demasiado de trenes, pero no le parecía normal tener que dar semejante salto, si hacía falta pasar de una zona a otra. El revisor debía tener las piernas enormes. La única vez que vio un tren así, fue el trenecito de juguete de la maqueta de su madre. Las piezas ya no se fabrican y ella tuvo que cambiar los enganches por los únicos que encajaban, el trenecito se veía más largo de lo que debería, pero al menos estaba todo unido. Sigue leyendo