Sangre de Dios


Jóvenes Dioses

Sangre de Dios.

Hoy quería traer un relato especial. Se trata de uno de los capítulos de Jóvenes Dioses, la novela que me afano por escribir en estos momentos. Aun queda mucho camino que recorrer a los personajes, espero que este pequeño aperitivo sea agradable para los lectores.

Dedicado a todos los hermanos, pero sobre todo a dos.

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La niña y el camino – parte 4: Camino de Dolkos.


Relato por entregas: 4 de 4

Continua de La niña y el camino – parte 3.

Os presento la última parte de “La niña y el camino”. Si no habéis leído los anteriores os invito a hacerlo. Espero que los disfrutéis.

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El camino de Diolkos era una llanura árida llena de grietas y peñascos. El color de la tierra era el de la arcilla cocida. El tren viajaba a gran velocidad por las vías que atravesaban el seco panorama casi infinito, sólo interrumpido por el río que lo surcaba como una cicatriz en medio de aquel desierto. Sigue leyendo

La niña y el camino – parte 3: Yaya Trevithick.


Relato por entregas: 3 de 4

Continua de La niña y el camino – parte 2.

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Al parecer, en aquel tren, las puertas que unían un vagón con otro estaban todas abiertas. No es que hubiese mucho peligro de que los pasajeros estuviesen pululando por todos lados, incluidas las zonas de carga. Ya que la separación entre los cubículos era mayor de la habitual. No es que Héctor supiese demasiado de trenes, pero no le parecía normal tener que dar semejante salto, si hacía falta pasar de una zona a otra. El revisor debía tener las piernas enormes. La única vez que vio un tren así, fue el trenecito de juguete de la maqueta de su madre. Las piezas ya no se fabrican y ella tuvo que cambiar los enganches por los únicos que encajaban, el trenecito se veía más largo de lo que debería, pero al menos estaba todo unido. Sigue leyendo

La niña y el camino – parte 2: Busca al maquinista,


Relato por entregas: 2 de 4

Continua de La niña y el camino – parte 1.

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Lo mejor que se podía hacer en aquellos casos era quedarse muy quieto. No moverse en absoluto y pensar en todo lo que pudiese saber sobre dragones. Cuando Héctor reflexionó un poco, comprendió que aunque los dragones existiesen realmente, ahora se encontraba dentro de un libro de ficción. Todas las reglas eran irrelevantes, ya que la única regla que valía, era que el autor escribe lo que le da la gana. Si en lugar de escribir que lanzaba llamas, decidía que eran más llamativos unos rayos láser, eso es lo que haría la bestia. El dragón resopló una bocanada de fuego, al parecer el escritor se decantó por las llamas. Lo mejor que se podía hacer en esos casos, en que no tienes idea de que hacer, es salir corriendo. Sigue leyendo

La niña y el Camino – parte 1: Sigue las pistas.


 Relato por entregas: 1 de 4

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Héctor escuchó la campanilla de la puerta de cristal mientras entraba en la tiendesita de antigüedades de su padre. Venía a buscar a su hija Diana, como hacía cada tarde, tras un duro día de oficina. No le hacía mucha gracia tener que dejar a la niña al cuidado de Octavio. Aunque era un abuelo atento, como padre había dejado mucho que desear. Y había sido mucho más negligente como esposo. Cuando su madre enfermó 13 años atrás, Octavio había sido poco más que un fantasma, ausente la mayoría del tiempo.

Héctor fisgoneó las mesas viejas y las estanterías restauradas mientras se paseaba en busca de la niña o su abuelo. Las repisas estaban llenas de ingentes cantidades de libros de todo tipo. Y en la mesa central el precioso ferrocarril de juguete que tanto había adorado su madre. Cuando niño había descubierto la lectura en esas paredes. Permanecía miles de horas pasando página tras página, deseando que aquellas aventuras épicas pudiesen hacerse realidad. Pero es que para un niño, todo lo que pueda imaginar es real. La misma Diana volvía cada tarde a casa contando las grandes odiseas que había vivido cuando el abuelo no la miraba. Sigue leyendo